Aplicación de Frío y Calor

Aplicación de Frío y Calor

 

 

Más de una vez me han hecho la siguiente pregunta, ¿Cuándo debo ponerme hielo y cuando debo ponerme calor? Todos saben que tanto la aplicación de frío como de calor produce efectos terapéuticos en nuestro cuerpo, pero es muy importante saber en qué momentos debe utilizarse cada una de estas aplicaciones, ya que sus efectos son totalmente contrarios y están indicados para casos distintos.

 

 

El FRÍO tiene un efecto de vasoconstricción en nuestros vasos, es decir, si imaginamos que nuestras arterias, venas y vasos linfáticos son mangueras por las que circula la sangre y sustancias de desecho, la aplicación de hielo equivaldría a apretar la manguera de forma que el paso de estos fluídos se dificulta en la zona donde se coloca el agente frío.

 

Una vez que sabemos esto, lo siguiente que se viene a la cabeza es, ¿y para necesito cerrar esa manguera? En procesos inflamatorios importantes donde debido principalmente al dolor nos interesa frenar esa inflamación, si cerramos la manguera, impedimos que la zona siga recibiendo agentes inflamatorios, controlando así este proceso y disminuyendo el dolor.

 

Una vez que sabemos esto, lo siguiente que se viene a la cabeza es, ¿y para necesito cerrar esa manguera? En procesos inflamatorios importantes donde debido principalmente al dolor nos interesa frenar esa inflamación, si cerramos la manguera, impedimos que la zona siga recibiendo agentes inflamatorios, controlando así este proceso y disminuyendo el dolor.

 

 

El CALOR,  por el contrario, tiene un efecto de vasodilatación, es decir, si tenemos las mismas mangueras de las que hablábamos antes, el efecto sería como si en esa zona en concreto se hiciera más ancha, y por tanto, la cantidad de sangre que pasa por ellos es mayor.

 

Este efecto nos interesa en zonas donde la cantidad de oxígeno es escasa (ya que el oxígeno viaja a través de nuestra sangre), como por ejemplo en las contracturas musculares. Las contracturas o zonas de tensión muscular suelen producirse a lo largo del tiempo, debidas por ejemplo a malos hábitos posturales. En estos casos, la aplicación de calor hace que esa región reciba más sangre, el tejido se oxigene y por tanto, se favorezca la recuperación del tejido, diminuyendo el dolor.

 

No obstante, las lesiones deben ser supervisadas por un fisioterapeuta ya que la aplicación de frío y calor puede aliviar la sintomatología momentáneamente, pero en la mayoría de las ocasiones es necesaria una ayudita externa.

 

 

No lo dudes y contacta con nosotros, tu centro médico te asesora.

 

 

 

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